Empiezan a rodar cabezas en el IFE
Por Aurora Berdejo, publicado en El Sol de México
En un correo curiosamente encabezado con el escudo del Gobierno del estado de Morelos (2006-2012), firmado por Ángel Viveros y remitido por Francisco García Luna, me llegan interesantes adiciones al ya mencionado escándalo que está sacudiéndole hasta las muelas al guardián supremo de nuestra democracia, el Instituto Federal Electoral (IFE).
(Usted ya está al tanto del huéleme el calcetín que se traen el Contralor General del Instituto y su Presidente por 342 millones, que el primero dice que hay que devolver a la Tesorería de la Federación y al que el segundo le aplicó el matanga dijo la changa. Y en días pasados le comenté del software que el IFE compra en el extranjero que no funciona, pero por el cual ha pagado 140 millones de pesos. Y ahora es cuando la cosa se pone buena).
Visto que, según la autoridad, hay por lo menos 20 por ciento de irregularidades en las adquisiciones del IFE -alteración de facturas, contratos otorgados sin licitación, bonos y horas extras sin justificación-, toma fuerza el convencimiento de que no sólo hay que designar los tres consejeros que faltan, sino meterse en el IFE como decía Martí de la verdad, que hay que entrar en ella como entra en la res el carnicero: con la manga al codo.
Valdés y compañía no quieren que el bunker de Viaducto Tlalpan se les convierta en otra Libia, y empezaron a tomar medidas. El martes 22 rodó la primera cabeza de alto nivel: la de Antonio Gamboa Chabbán, director general de Prerrogativas a Partidos. Valdés Zurita ordenó al secretario ejecutivo Edmundo Jacobo Molina correr a Gamboa por presunta implicación en el cochinero del monitoreo de la elección de 2009, cuyo costo fue de 750 millones de pesos, de los cuales la Auditoría Superior de la Federación ha denunciado 87 millones como improcedentes.
Gamboa deberá responder, se supone, por adquisiciones sospechosas de equipo de monitoreo e inmuebles, pues al parecer hay indicios de abultamiento culpable en los precios del edificio de Acoxpa, aquí en el Distrito Federal, y en la sede del Instituto en Guadalajara, Jalisco.
La maniobra de Valdés y Molina no echó tierra a los ojos de gente como Gabriel Reyes, presidente de Transparencia Nacional, quien ha prometido investigar y divulgar todas las denunciadas anomalías en el IFE: fraudes, presupuestos inflados, inducción artificial de excedentes, nepotismo y negocios familiares, pues se cree, con razón, que estos desaseos pudieran llegar a afectar la credibilidad de las elecciones estatales de este año y, ni lo mande Dios, de las presidenciales en 2012.