El descontrol presidencial del sexto año
Por José Carreño, publicado en El Universal
Hoy termina el presidente Calderón el quinto y muy adverso año de su accidentado sexenio, en medio de una tormenta mediática que llega a la exasperación. Y lo peor: la tormenta fue alimentada por su irreflexivo enfrentamiento contra los 20 mil y pico mexicanos que lo acusan de delitos de lesa humanidad ante la Corte Penal Internacional.
El tema se ubicó así desde la primera hora de ayer como uno de los más leídos del sitio electrónico de El Universal, a su vez el portal más visitado de los medios mexicanos. Y éste es un dato que permite anticipar que en unas horas pasaron de pocos miles -si sumamos el impacto de otros medios- a quizás millones los enterados de la acusación al Presidente de los peores crímenes en aquel foro judicial de La Haya, al que se han llevado los casos de los tiranos más despiadados de las últimas décadas.
Se trata de una desproporción de los acusadores, que seguramente no prosperará en el tribunal de derecho, pero que ya causa estragos en el tribunal de los medios porque aquella preocupante y calculada desproporción de los acusadores fue seguida por una más preocupante y nada calculada pérdida de control del discurso presidencial y de sus defensores incondicionales, en el síndrome del sexto año.
Quinto malo
Contra el adagio beisbolero, Calderón concluye hoy su quinto malo, en el que el PAN no sólo perdió en el año seis de siete elecciones locales, con el golpe adicional de que una de esas derrotas fue la de su hermana Luisa María en Michoacán. Y ante ese saldo, ya se hizo presente un síntoma de descontrol del discurso oficial que atribuyó los resultados al activismo ¿político? del crimen organizado. Fue éste un mensaje letal contra el discurso clave del sexenio: el de que el gobierno salvó a México del control de las bandas criminales.
Pero, además, en este quinto malo, el Presidente vio mermado el apoyo de la opinión pública internacional a su estrategia contra las bandas criminales, y para esta semana los medios globales no sólo daban por seguro el triunfo del PRI en las presidenciales, sino que ya no el mensaje de que la victoria de Peña Nieto significaría el regreso del viejo PRI ni de que el regreso a secas del PRI a Los Pinos represente una amenaza para la lucha contra el narco o un retroceso de la democracia.
Para colmo, la mayor parte de los medios nacionales e internacionales se volcaron también esta semana a exaltar el acto de registro del puntero priísta como una muestra de músculo del PRI, además de que le dieron el beneficio de la duda al discurso del cambio de Peña, contra una minoría de medios que descalificaron escenografía y discurso como retrocesos.
El miedo
Por último está el descontrol en el discurso de la lucha interna del partido de Calderón y las indefiniciones del PAN en el proceso sucesorio, en contraste con la cicatrización de las heridas en los partidos de izquierda, con el discurso de amor y paz de AMLO, y con los más equívocos términos de la unidad priísta en torno a Peña Nieto.
La creciente distancia crítica con el gobierno del presidente Calderón por parte de la puntera en preferencias electorales entre los prospectos panistas, Josefina Vázquez Mota, ha sido descalificada como deslealtad al Presidente y a su partido por el prospecto más rezagado en todas las encuestas, pero el señalado como el favorito del Presidente, Ernesto Cordero.
Pero acaso el principal descontrol está en el discurso de apelación al miedo y de invocación del peligro que domina el entorno presidencial. Como hace seis años, cuando AMLO fue declarado un peligro para México, hoy repiten lo mismo del PRI y Peña Nieto. Y esa misma pulsión los conduce a declarar a Josefina un peligro para el PAN y para el presidente Calderón.
El problema es que no se han puesto a pensar cómo procesarán un escenario en que las encuestas que ahora se proponen lleven a la candidatura presidencial a Josefina, o las urnas les ordenen entregarle la banda presidencial a Peña Nieto.