Ni Estados Unidos ni el mundo merecen a Trump como presidente.

Por Regina Santiago Núñez.[i]

paz

Larry Rubin es el representante del Partido Republicano en México. El viernes 4 de noviembre se presentó ante diversos medios de comunicación para decir que no va a votar por Donald Trump,  porque considera que Estados Unidos se merece un mejor presidente.  Rubin no dijo que vaya a votar por Hillary Clinton. No es necesario. Basta que su conciencia le haya dictado que no puede permitir que alguien como Trump llegue a tener todo el poder que tiene un Presidente de Estados Unidos. No por eso Rubin deja de ser un buen republicano. Al contrario, ojalá muchos republicanos sigan su ejemplo. No sólo Estados Unidos, sino México, Latinoamérica y el mundo estará en deuda con aquellos que impidan que Donald Trump y todo lo que representa conviertan al “sueño americano” en una pesadilla para la humanidad entera.

Tal vez no sea necesario que los republicanos como Rubin voten por Hillary. Pero sí es necesario que los mexicanos, los cubanos, los afroamericanos y las minorías en general, hagan a un lado sus diferencias y este martes 8 de noviembre salgan a votar.  El discurso de odio que ha hecho posible que alguien como Trump compitiera por la presidencia es una amenaza no sólo para un grupo en específico, sino para todas las minorías. Ninguna persona con discapacidad podrá sentirse segura con Trump y su equipo en la presidencia. Ninguna mujer deberá olvidar no sólo las palabras, sino la agresividad de Trump contra su rival por la  presidencia. “She really is a nasty woman” dijo Trump respecto a Hillary Clinton. No pudo seguir el script que sus asesores habían armado para el debate. Su desprecio hacia la mujer que tenía enfrente y rebatía sus argumentos, salió de lo más profundo de su ser. Eso es algo que no deberán olvidar quienes emitan un voto de conciencia.

Todos estos son mis argumentos para no votar por alguien como Donald Trump. Pero yo no tendré oportunidad de expresar mi voluntad en las urnas el próximo martes. Pero tengo muchos amigos mexicanos que emigraron hace años a Estados Unidos y han luchado por construir puentes de entendimiento entre su nuevo hogar y el país donde nacieron y se educaron. Porque desde luego que no es cierto que México exporte sólo “bad hombres”. Hay mucho talento mexicano que ha contribuido a hacer de Estados Unidos un mejor país. Confío en que mis familiares y amigos que sí pueden hacerlo salgan este martes a votar y convenzan a sus conocidos y amigos de que también voten. En contra de Trump se han pronunciado abiertamente los Obama, Carlos Slim, Jorge Ramos, Salma Hayek, Vicente Fernández y muchos otros. El último concierto de Juan Gabriel en Los Ángeles se llamó “México es todo” para que no se olvidara; para tenerlo presente.  Pero lo verdaderamente importante será que al final de la jornada electoral cada hombre y cada mujer sienta que cumplíó con su deber de votar por un mundo mejor. Que Hillary no le deba la presidencia a los Obama y compañía. Que Hillary sepa que le debe la presidencia a esas minorías que por fin estuvieron dispuestas a romper el silencio.

Desde 2006 me dedico a la observación electoral, especializada en las estrategias de comunicación. En 2012 nos dedicamos a denunciar el discurso de odio que comenzó a inundar las redes sociales. Teníamos como punto de referencia un discurso de Manuel Castells ante el movimiento de Los Indignados en la Plaza de Cataluña. Castells advertía contra los estrategas políticos que basaban sus campañas en el miedo y el ataque personal y despiadado contra el adversario, sin reparar en la veracidad o falsedad de las acusaciones. Castells decía, con razón, que al final ese tipo de campañas no perjudicaban a individuos, sino perjudicaban a LA POLÍTICA. Se refería a estrategas como Antonio Sola, que asesoraba no sólo a políticos españoles, sino a muchos latinoamericanos. Pero las “campañas negras” también fueron el sello de estrategas norteamericanos y de muchas otras nacionalidades.

Llegamos a 2016 y  Disney anunció que abandonaba su idea de comprar Twitter debido a que es una plataforma inundada por el discurso de odio. En este 2016 también diversos instrumentos de medición muestran un profundo desencanto con la democracia en el mundo. La elección en Estados Unidos ha sido la más polarizada de todos los tiempos. El discurso de odio de uno de los candidatos se alimenta del reclamo a las élites políticas y económicas que han generado la percepción de que sólo cuidan sus intereses. Las agencias de inteligencia de EU y Rusia se han vuelto protagonistas del proceso electoral. ISIS y Al Qaeda son vistos como peligros reales para empañar la jornada electoral con un ataque terrorista. The Washington post señala a Rudolph Giuliani, asesor clave de la campaña de Trump, como uno de los factores que pudieron causar que el FBI rompiera las reglas y participara activamente en contra de Clinton. Hay quienes vislumbran un escenario de conflicto postelectoral con Trump como ganador del voto popular y Clinton como ganadora en el Colegio Electoral (que es el que cuenta). Se habla incluso de partidarios de Trump patrocinados por la Asociación Nacional del Rifle que amenazan con una rebelión armada.  Ante estos escenarios viene a mi mente una frase que repite constantemente el internacionalista Mauricio Meschoulam: “La paz no es solamente ausencia de violencia. La paz tiene que construirse con acciones positivas día con día”. Ante la amenaza no podemos callar ni permanecer indiferentes.  Ojalá que este mates 8 de noviembre, haya muchos que honren el compromiso por la paz. Ni Estados Unidos ni el mundo merecen a Donald Trump como presidente.

Postdata:

En 1973 se entregó el Premio Nobel de la Paz a Henry Kissinger. Tenía yo 12 años y estudiaba el sexto año de primaria en el Instituto Técnico Cultural. Mis compañeros y yo enviamos una carta de protesta al comité del Nobel. En este año el ITYC cumplió 50 años. Hoy le agradezco haberme enseñado a creer que puedo construir un mundo mejor.

El domingo 10 de enero de 2016 murió mi mamá, Martha Josefina Núñez García. El martes, antes de que se llevaran el féretro, pedí que se escuchara una última canción. Quería agradecerle el gran encuentro en este mundo y tenía preparado el tema:  “Coincidir”.  Para mi sorpresa, la canción que sonó fue “Sólo le pido a Dios” (que el dolor  no me sea indiferente, que la reseca muerte no me encuentre, vacía y sola, sin haber hecho lo suficiente).  Este texto va también por nuestra Doña Martha.

[i] Regina Santiago Núñez es Presidenta del observatorio de medios OMCIM, A.C.

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