Una visita al Rey Bolardo en su castillo de la ineficiencia

Por Regina Santiago Núñez*

Funcionarios y vecinos de la Colonia Del Valle

Si Miguel Ángel Mancera, Patricia Mercado y el resto del equipo cercano al jefe de Gobierno quieren una explicación para su persistente caída en las encuestas, deberán voltear hacia Roberto Remes, el titular de la Autoridad del Espacio Público. Desde luego que no es el único responsable. Sin embargo, Remes es un funcionario emblemático. Su ineptitud para el cargo fue muy bien descrita en un texto de Rafael Pérez Gay (el 15 de marzo en Milenio). Las quejas de los vecinos de la Colonia del Valle por la prepotencia e ineptitud con la que se realizaron las obras frente al mercado de Avenida Coyoacán, las documenté en un texto anterior (La ciudadanía frente a los caprichos del Rey Bolardo). Pero la visita a las oficinas de Remes, la plática directa con él y la exposición que hicieron sus colaboradores me convencieron de que estamos frente a un problema mayor. No se trata únicamente del conflicto entre unos vecinos afectados por algunas malas decisiones de un funcionario. Se trata del derecho de los ciudadanos a exigir que los funcionarios rindan cuentas. Lo que constatamos en la reunión con Remes fue  un problema de actitud; un problema por la falta de capacidad para asumirse como servidor público; un gran problema para aceptar la crítica, reconocer los errores y tratar de enmendarlos.  Ante los cuestionamientos que se le plantearon, no tuvo mejor salida que la de expresar sus dudas de que fuéramos realmente vecinos de la Colonia Del Valle. ¿En esas manos estamos? La Ciudad de México merece mejores funcionarios. Roberto Remes debe renunciar.

Roberto Remes
Roberto Remes Rey Peatón
El viernes 7 de abril Roberto Remes nos citó en su oficina en el edificio de SEDUVI. La comisión de vecinos de la Colonia Del Valle llegamos con mucho tiempo de anticipación. A las 12:50 pedimos el acceso a las oficinas. Los empleados que controlan el acceso dejaron pasar al diputado Santiago Torreblanca y tres colaboradores. Luego cerraron la puerta. A los encargados de proporcionar el acceso no les cabía en la cabeza que Remes fuera a recibir al diputado al mismo tiempo que a un grupo de vecinos. No debe ser usual que el funcionario reciba a grupos de ciudadanos. Eso rompió los esquemas de los encargados de la seguridad. Ni siquiera le creyeron a la asistente de Remes cuando bajó a explicar la situación. Nos quedó claro que nadie avisó con anticipación a los elementos de seguridad que habría esta reunión con los vecinos de la Del Valle. Media hora después estábamos en la antesala de la oficina del funcionario. Ahí esperaríamos otros 20 minutos, junto con el diputado que había entrado antes. Eso fue sólo una primera imagen de la falta de previsión e ineficiencia. Pregunté para mis adentros: ¿En manos de quién estamos? Me dije a mí misma, convencida: La Ciudad de México merece mejores funcionarios. Roberto Remes debe renunciar.

La reunión que debió comenzar a la 1 de la tarde comenzaba casi a las 2. Ninguna disculpa. Ninguna explicación. Nos presentamos. Pedí permiso para transmitir por Periscope. Aceptaron. Quedó entonces grabada la constancia del trato que recibimos.  Remes dijo que antes de escucharnos quería que sus colaboradores nos explicaran el proyecto. Tenían una presentación en power point. El arquitecto Eduardo Barrera nos dijo que debíamos entender que cualquier acción en favor de los peatones terminaba beneficiando a todos. Explicó que  antes de tomar cualquier decisión se hicieron algunos estudios de movilidad porque querían analizar el impacto que tendría la reducción del espacio para la circulación de vehículos.

El arquitecto Eduardo Barrera realizó una amplia exposición… de un proyecto que nunca se llevó a cabo

Reconoció que fueron estudios muy básicos para detectar los picos en el congestionamiento de vehículos. El joven funcionario hablaba y hablaba con ejemplos difíciles de identificar en la realidad que nosotros conocíamos. Pasaron alrededor de 20 minutos antes de que su jefe Remes lo interrumpiera. Se quedó mirando al joven arquitecto (recién egresado con magníficas calificaciones, según reconoció en una reunión anterior).   Remes miró luego hacia algunos otros de sus colaboradores. Volvió a mirar fijamente al muchacho que sintió el implícito reproche que minutos más tarde se volvió explícito. Remes señaló que quizás sería importante que nos advirtiera que todo lo que había expuesto correspondía a proyectos que habían estado en estudio (como el cierre definitivo de la calle de Adolfo Prieto), pero que finalmente no se llevaron a cabo. Cuando los vecinos nos enteramos de que llevábamos mucho tiempo escuchando hablar de algo que “era un simple escenario”, algunos protestamos. ¿Para qué presentar un power point con información inútil? ¿Fue parte de una táctica de desgaste o simple y absoluta ineficiencia? Les otorgamos el beneficio de la duda. Alguien preguntó si el funcionario había realizado algún estudio de movilidad sobre cómo quedó el tránsito con las obras que se realizaron. El funcionario dijo que no. Una vecina se le quedó mirando y le dijo que algunos recorridos que antes se hacían en 3 minutos ahora pueden tardar hasta una hora. Remes dijo que no podíamos guiarnos de acuerdo a supuestos. La vecina respondió que hay grabaciones para documentar lo dicho. Miré el rostro incrédulo de Remes y su joven colaborador, quien retomó la palabra para exponer más sobre los proyectos que no se realizaron. Miré fijamente la escena y pregunté nuevamente para mis adentros: ¿En manos de quién estamos? Volví a decirme a mí misma, convencida: La Ciudad de México merece mejores funcionarios. Roberto Remes debe renunciar.

Estudios que no convencieron

Preguntamos si en la oficina de Remes habían realizado algún estudio sobre el impacto de la obra que ya se realizó sobre el lugar donde confluyen Avenida Coyoacán, Romero de Terreros y Adolfo Prieto. Nos dijeron que sí. Una chica, Itzel Contreras, dijo que había un estudio relativamente reciente sobre “Vida Pública. Recurrió a otra presentación en power point para tratar de demostrar que “con la intervención” había logrado mejorar la convivencia. Ahora había más iluminación y por lo tanto más mujeres utilizaban el espacio recién creado. Esto generaba múltiples beneficios para el mercado. La opinión de los entrevistados era muy favorable. ¿Cuántas personas participaron en el estudio? Alrededor de 30, respondió la chica y trató de pasar a otro tema. ¿Te das cuenta de que esa no es una muestra representativa? –exclamamos muchos al unísono. ¿Y entrevistando a 30 personas quieres convencer a tus jefes y quieres convencernos de que el proyecto es un éxito? Tan sólo las personas que asistieron a la reunión del lunes 3 de abril, en el mercado, éramos más de 30 y expresamos diversas razones por las que el proyecto había resultado un fracaso. Tan sólo había que recordar que cuando colocaron la nueva capa de suelo, el piso quedó tan alto que impidió que abriera la puerta de emergencia del CENDI de la esquina de Avenida Coyoacán y Romero de Terreros. Los usuarios de la guardería también se vieron afectados porque la remodelación no incluyó una bahía para el ascenso y descenso de los niños y niñas. Remes exclamó que no tenía idea de por qué si en el proyecto que le presentaron sí había contemplada no sólo una, sino dos bahías, al final no se habían construido. Mis ojos se posaron sobre la imagen del triángulo de concreto al que le injertaron algunas decenas de bolardos (palitos de concreto) y en el que colocaron una mesa de ajedrez de concreto, con una silla de concreto. Trataba de imaginarme cómo la chica que hizo la exposición se había convencido de que ese conjunto había logrado hacer felices a sus encuestados al grado de decir que con eso se mejoraba la convivencia y se atraían más compradores al mercado. Volví a preguntar para mis adentros: ¿En manos de quién estamos? Y volví a decirme a mí misma, convencida: La Ciudad de México merece mejores funcionarios. Roberto Remes debe renunciar.

Triángulo de cuadros de concreto sembrado de bolardos, que debe mejorar la calidad de vida y la convivencia e incentivar las visitas al mercado.

Cuando llegó mi turno para hablar me quedé viendo al funcionario y le dije lo que pensaba, que todos ganaríamos si él admitiera que lo suyo, lo suyo no es estar detrás de un escritorio y que lo mejor era que lo recuperáramos como activista, con buenas críticas a lo que no saben hacer los funcionarios. Le dije que había leído el texto sobre los bolardos que publicó en el blog de Rey Peatón y me parecía muy bien que hubiera reconocido las críticas de Rafael Pérez Gay, aunque sólo las mencionó sin intentar darles respuesta. Habló de fallas en la manera de comunicar los beneficios de los bolardos y dijo que en su opinión se veían mucho menos feos que los automóviles. Le dije que lo mejor de ese texto era cuando recuperaba su tono de activista y señalaba que los proyectos mal pensados y mal hechos como el de Polanco habían generado que se colocaran bolardos que eran un atentado contra la seguridad de los propios peatones, porque no se distinguían fácilmente y la gente tropezaba por la mala colocación. Le dije que ojalá pudiéramos recuperar su visión crítica para esos proyectos que ahora presentaba “del otro lado del escritorio”.  Remes me miró como si le hablara yo de un texto desconocido; como si él nunca hubiera escrito lo que yo le estaba recordando. De Rey Peatón se había convertido en Rey Bolardo. Reiteró que el gran enemigo de la convivencia armónica es el automóvil. Insistió en que la calidad de vida de la ciudad mejoraría si la gente dejara de utilizar el automóvil. Le hablé de que ahora las bicicletas y las motocicletas que suelen invadir las amplias banquetas también se convierten en un peligro para los peatones. Sentí una mirada de desprecio. Respondió que él estaba convencido de que, a pesar de que los estudios que presentaron sus colaboradores eran muestras poco representativas sí podían dar una idea de las mejoras para la ciudad. Se dijo convencido de que su visión de ciudad activa comercios y beneficia la convivencia. Agregó que si pudiera regresar a su posición de activista lo que estaría pidiendo sería que se ampliaran más banquetas y se redujera más la circulación de automóviles en Avenida Coyoacán. Lo miré detenidamente y volví a preguntar para mis adentros: ¿En manos de quién estamos? Y volví a decirme a mí misma, convencida: La Ciudad de México merece mejores funcionarios. Roberto Remes debe renunciar.

Ya para terminar la reunión, el diputado Santiago Torreblanca intentó resumir lo ocurrido diciendo: Creo que nos queda claro que la Autoridad del Espacio Público ha presentado estudios que no han convencido a los vecinos, porque la realidad se impone a los estudios. Sugiero realizar un nuevo estudio –dijo- que se haga a la vista de los vecinos. Si el resultado de ese estudio mostrara una saturación en el tránsito de vehículos, pues la autoridad deberá solucionarla. Remes miró directamente a Torreblanca y le dijo que veía bien que se les auditara. Dijo que había versiones de que cuando estaban las bahías del CENDI nadie las respetaba y se utilizaban como estacionamientos permanentes para gente que trabajaba en la zona. Agregó que ya había platicado con Chertorivsky (el secretario de Economía) para que se implementara una campaña de promoción para que la gente comprara en el mercado. Mostró un volante.

Funcionarios reunión 7 de abril 2017
¿Dónde estaba Remes?
Remes ausente
Aquí ya no estaba Remes

Reiteró que él sí cree en lo que muestra el estudio de Vida Pública, pero reconoció que habría que hacer este tipo de medición con mayor periodicidad. Se quedó mirando su celular mientras David Vera, un funcionario del gobierno de Mancera, tomaba la palabra. Luego abandonó la reunión sin decir palabra. El funcionario dijo que él sí creía en los beneficios de la intervención que se había hecho en el espacio público, pero le preocupaba la percepción ciudadana sobre el proyecto. La ciudadanía no debía verlos como insensibles a sus preocupaciones. Dijo que de esta reunión debían de surgir compromisos concretos. Una vecina hizo notar que el problema es que estábamos llegando a las mismas conclusiones de una reunión que se realizó el 12 de diciembre de 2016. Reunión de la que surgió un documento que fue firmado por Roberto Remes y del cual no se ha tenido ninguna promesa cumplida. Uno de los colaboradores de Remes se comprometió a hacernos llegar la minuta de la reunión y un cronograma para el cumplimiento de los compromisos para el lunes 10 de abril.  Termino de redactar estas líneas a la medianoche del martes 11 de abril. Reviso mi correo. No tengo ningún documento de la Autoridad del Espacio Público.

Vuelvo a preguntar para mis adentros: ¿En manos de quién estamos? Y vuelvo a decirme a mí misma, total y absolutamente convencida: La Ciudad de México merece mejores funcionarios. Roberto Remes debe renunciar.

*Regina Santiago Núñez es presidenta del Observatorio y Monitoreo Ciudadano de Medios, S. C.

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